MI INTOXICACIÓN

Durante el año 2015, luego de haber vivido cinco meses en Nueva Zelanda, volví a la Argentina y comencé a estudiar la carrera de Profesional Gastronómico, ya que siempre había querido ser Chef.

Además, empecé a trabajar para una empresa que ofrecía servicios de catering. Yo lo veía como una manera de aprender y de practicar lo que en la Escuela aprendía, y además comenzaba a incursionar en el medio gastronómico. El 11 de diciembre de ese mismo año me encontraba sola en la cocina preparando la producción para el día siguiente, ya que debíamos marcar (pre cocinar) papas fritas. Aún no recuerdo exactamente qué fue lo que sucedió.  Esa tarde resulta borrosa para mí. Seguramente por la intoxicación que comencé a sufrir, se han desvanecido todos mis recuerdos, eso dicen los doctores. Pero por lo que pude averiguar, a causa de la fuga del monóxido de carbono me desmayé y continué inhalándolo. No sólo inhalé ese gas, sino muchos otros más,  que se mezclaron con el humo de las papas y el aceite que siguieron quemándose. Los vecinos, al ver el humo que salía de la cocina llamaron a los bomberos, quienes me trasladaron de urgencia al nosocomio más cercano.

Ingresé al Sanatorio con 45% de monóxido en sangre, y como primer medida los médicos me conectaron al respirador artificial al 100% para eliminar rápidamente todo rastro de este terrible gas. Me indujeron un coma farmacológico y así estuve por 7 días.

Al despertar, no sabía qué había pasado. Me decían algo de un pulmón, pero poco era lo que entendía. Lo que sucede es que al haberme puesto el respirador con oxígeno al 100% para salvar mi vida, mi pulmón derecho había colapsado, se había perforado. Técnicamente, había tenido un neumotórax grado III. Y con ello, lo más gravoso, un Síndrome de Distrés Respiratorio Agudo (SDRA), es decir, una insuficiencia respiratoria gravísima.

Poco  a poco, comenzaron a contarme a simples rasgos lo que había pasado. Por recomendación de los médicos, no debían contarme todo, sino que lo aconsejable era ver si yo podía recordarlo por sí sola. Es que, por los altos niveles de monóxido que tenía en sangre, las consecuencias neurológicas, en caso de que sobreviviera, podían llegar a ser fatales. Gracias a Dios desperté reconociendo a toda mi familia, mis cinco sentidos funcionaban correctamente, podía mover mis miembros superiores e inferiores; mi cuerpo había reaccionado de la mejor manera.

Lo único que no podía hacer por el momento era hablar, puesto que tras haberme retirado el respirador, me habían practicado una traqueostomía para que pudiera respirar mejor. Con el correr de los días, ésta me fue retirada y pude comenzar a alimentarme con dieta de alimentos sólidos, no ya líquidos o procesados. Estuve en total, 40 días internada, ya que siempre presentaba alguna complicación que me impedía irme a casa. Primero fue la presencia de un virus intrahospitalario a raíz del uso del tubo endotraqueal, lo cual llevó a que tuvieran que administrarme más antibióticos. Y luego, con motivo de la tos crónica y secreciones que producía, se presentó un cuadro de bronquitis o broncoespasmos, que me obligaba a tomar más remedios y a realizar fisioterapia dos veces al día.

Mi médico muy sabiamente me aconsejó hacer, mientras aún estaba internada, tres sesiones de Cámara Hiperbárica, a los fines de eliminar todo el monóxido de carbono de mi cuerpo y también para evitar consecuencias neurológicas que pudiesen presentarse posteriormente (síndrome tardío).

Hoy, a casi cuatro meses de la intoxicación (abril 2016), sigo haciendo reposo en cama con asistencia de oxígeno la mayor parte del tiempo. El motivo por el cual sigo en cama es porque no puedo hacer muchas cosas debido a la fatiga y a la  falta de aire que siento (disnea). Aún no encuentro las razones de ello, simplemente hay que esperar. Porque como me han dicho, no existen enfermedades, sino enfermos. Por lo que cada uno siente y vive las enfermedades de un modo particular. Y aunque es difícil vivir con esta larga recuperación, agradezco a Dios estar viva y sana. Los médicos y enfermeros del sanatorio me apodaron “EL MILAGRO DE NAVIDAD”, porque fue sorprendente como superé esas noches cruciales y cómo desperté sin ninguna secuela.

A diario, este gas tóxico me presenta una batalla, y puedo decir orgullosamente que a cada una de ellas respondo con fe, fuerzas y energía. Y creo que eso, sumado al amor y al apoyo de mis familiares, novio, amigos y conocidos, es lo que me mantiene viva para seguir luchando día a día, hasta llegar a mi completa recuperación.