Mis pequeños grandes logros: mi voz

“Orador es aquel que dice lo que piensa y siente lo que dice”
William J. Bryan

 

Intenté escribir varias veces este post. Escribía, borraba y volvía a comenzar. A veces el texto era triste, solo ideas y pensamientos sin sentido. Otras veces era… Bueno, no. En realidad todos los intentos eran melancólicos y desoladores. A quién quiero engañar… Pero pensé que esto no solo iba a ser aburrido, sino también repetitivo. Desde el “Día D”, mi cabeza ha estado llena de tristezas y desilusiones. Pero de repente pensé, y me di cuenta, de que también he tenido momentos reconfortantes. Momentos que si bien son efímeros y pequeños al lado del monstruo de la “Depre”, valen la pena ser tenidos en cuenta, conservados y recordados. Estoy segura de que si les contara de qué se tratan estos momentos, no podrían creerlo. Y estoy muy convencida de que no lo entenderían, porque antes de ese 11 de diciembre, yo tampoco hubiese sido capaz de hacerlo.

El primer recuerdo alegre que tengo, se ubica después de haber despertado del coma. Había tenido por varios días, un tubo en mi garganta que me impedía hablar y comer. Decir lo que sentía o necesitaba era un fastidio, de beber agua o comer algo, ni pensar. La sonda lo hacía por mí. Para comunicarme con mi familia, lo hacía escribiendo en un cuaderno, con una pésima y tenebrosa letra, causada por la falta de fuerza y ejercicio de mis brazos. Hoy cuando leo esas anotaciones, se me escapa una sonrisa, no solo por lo mal que escribía, sino también porque empaticé con mis seres queridos, que no entendían nada de los que mi escritura pretendía decirles. Por eso cuando los médicos me retiraron la traqueo, y pude oír el sonido de mi voz, me sentí feliz. Era yo, una parte de mí había renacido. Podía hablar. Algo tan básico que hacemos de manera inconsciente día a día. Lo damos por sentado, lo consideramos un atributo perpetuo, duradero e inacabable de nuestras vidas. Pero no siempre es así.

Simplemente decirles, que esa sensación de recuperar mi voz, me emocionó tremendamente. Y eso fue el trampolín a nuevos regocijos. Y es que, por la falta de aire que tenía en ese tiempo, apenas podía mantener una conversación de minutos. Todo me cansaba y me emocionaba. Todo era medido en oxigeno y cansancio. Por lo que poder hoy hablar es sin dudas, uno de mis mejores logros. Parece básico, y puede que en realidad lo sea, pero pensándolo concienzudamente, es algo más que importante.

Primer logro de hoy: hablar, ser entendidos y expresar nuestras ideas y necesidades.

Hasta la próxima!