Dicen que la esperanza es lo último que se pierde

A veces se me juntan muchas emociones. Hay días en que las cosas son más fáciles y  pienso que todo puede resultar bien, pero otros en los que pienso que el tiempo está pasando cada vez más rápido, sin solución. Y hay segundos en los que desearía que todo fuese un sueño.

No voy a mentir. A veces veo todo negro. Pero también hay días en que me siento bien. Quizá también se debe a que los síntomas se exacerban con el frío, el calor, la humedad, el ejercicio, los virus dando vuelta.

Muchas  veces me han dicho: “No te hagas la víctima”, “No te victimices”, “No seas exagerada”. Y la verdad es que me ha dolido. Porque esos comentarios venían de personas que realmente apreciaba. Pero a medida que voy leyendo sobre mi enfermedad y sobre otras situaciones crónicas, comprendo que el que no está pasando por una circunstancia similar, le resulta difícil entenderme. Alguien que no haya padecido o padezca una enfermedad de este tipo, no va a entender los cambios de humor, el estado anímico.

El que uno no pueda hacer un ejercicio, el hecho de que uno no quiera salir a la calle, obedece a muchas razones. ¿La más importante? UNO NO PUEDE. Simplemente, porque el cuerpo no nos deja. Se encuentra débil, muchos antibióticos, falta de aire, fatiga crónica, son otras causas que siguen en la lista. Y tampoco faltan las recomendaciones del médico, que obviamente entiende que uno es paciente de riesgo y un simple resfrío podría acabar en el Sanatorio. Entonces, ¿para qué arriesgarme?

Cuando uno cuenta lo que siente, o como está, o lo que el médico le dice, no es que sea pesimista, sino que es realista. El que ignora la situación, siempre cree que el otro ve la realidad con malos ojos. Pero no siempre es así. Obviamente que hay enfermos peores, lo sé. Pero no por eso uno tiene que aceptar lo que le pasa sin lucharla.

También se suma el hecho de que, al menos en mi caso, siempre fui una persona sana. ¿Y saben qué es lo más gracioso de todo? Que toda mi vida odié el cigarrillo, ya el olor me espantaba. Y hoy tengo EPOC, cuando lo normal sería que una persona que ha fumado toda su santa vida y que es mayor de 60/65 años, la sufra.

Como decía, solo intenten este ejercicio: por solo unos minutos, cierren los ojos y piensen en su vida, siempre sanos y con toda una vida por delante. Ahora, imaginen que tienen 32 años y sufren un accidente que los deja incapacitados. Tienen que pedir una jubilación por invalidez. No pueden trabajar. Existen altas posibilidades de no poder tener familia. La persona que decía amarlas, se esfumó. Y las chances de curarse son mínimas, porque nadie ni siquiera se explica cómo estás vivo. ¿Les gustaría que alguien les diga que se victimizan? Solo piénsenlo.

Pero bueno, como puse arriba, es un milagro que esté viva. Y hay, aunque sean mínimas, algunas chances de curarme. Es decir, lo que Dios disponga. Y lo maravilloso de todo esto, es que tengo al lado mío a una familia envidiable, que está siempre, que me ayuda y me soporta en los peores momentos. Amigos que también se quedaron a pesar de la situación. Entonces eso me pone feliz, y me hace pensar que sí,  la esperanza es lo último que se pierde.

Hace bastante no pasaba por aquí… “Mi regreso – Parte 1”

Hace mucho tiempo no venía por aquí, así que me pareció genial volver a escribir un post con esta imagen  de Nueva Zelanda. ¿Por qué? No sé, quizá simplemente porque se asemeja a un camino que llega a alguna parte, como yo estoy haciendo ahora, al regresar a escribir. Quizá también puede ser porque me atacó la nostalgia, y las Fotos de Google, me recuerdan a cada momento donde estuve en un  día como hoy, pero de diferente año. Muchas pueden ser las razones por las que haya querido compartir esta foto con ustedes.  Aunque en mi interior, apuesto todos los movimientos de mis dedos, a que solo fue porque me trajo buenos recuerdos de mi viaje y pensé que tal vez, podía volver a estar ahí por unos momentos, aunque fuese solo a la distancia, soñando con los pensamientos y el alma…

Hago un paréntesis, y les cuento que esta foto fue tomada en Cape Reinga, Isla Norte de Nueva Zelanda. Se lo conoce como “Punto de Encuentro”, ya que marca la separación entre el Mar de Tasmania por un lado, y el Oceano Pacífico por el otro. ¡Un poquito de geografía no viene mal no? 🙂 🙂

Efectivamente, esta foto la tomé hace dos años atrás. ¡Increíble como pasa el tiempo! Viajaba sola, en un país con un idioma diferente, ¿Y saben qué? ¡No sentí miedo ni una sola vez! Nunca temí por mi vida ni por mis pertenencias. Cada día aprendo más, sobre que en la vida no hay nada escrito”, nada asegurado. Estando a más de 12.000 km, nunca imaginé que el peor día de mi vida, sería en mi propio vecindario, en Argentina, apenas a 20 cuadras de casa..

Como ya han podido leer en la sección “Mi intoxicación”,  tuve un gravísimo accidente, en diciembre de 2015. Una intoxicación por monóxido de carbono y posterior inhalación de humo y gases tóxicos emanados de  un incendio, cambiaron mi vida para siempre. Y esta es una de las cosas sobre las que no tengo tampoco ninguna una duda…

Cuando comencé esta especie de blog o sitio informativo, sólo habían pasado 4 meses desde ese día. Eran tantas las cosas que no sabía,  y tantas otras que a su vez tenía y pensé que las conservaría…

Pensaba que los doctores que me habían atendido estaban locos. ¡Dos años para poder recuperarme! Les juro que no les creía. ¡Si hasta estaba haciendo planes para volver a trabajar! Pero no, las cosas no sucedieron como las imaginaba, o como las quería. Pero ya de eso les voy a hablar después, en la segunda parte de este regreso.

Como les conté más arriba, en este tiempo también perdí muchas cosas. Pero no me refiero exclusivamente a lo económico o a las oportunidades. Más bien, estoy pensando en las personas que quedaron en ese camino que inicié contra mi absoluta voluntad, aquel 15 de diciembre de 2015. Es muy raro como me cuesta poner el año de mi accidente, los dedos se me cuelgan en el “2016”, y tengo que retroceder y poner “2015”. Es como si me negara a aceptar que ya han pasado casi 17 largos meses.

Pero como les iba diciendo, hubo mucha personas que quedaron en esa sala de hospital. Que no me acompañaron como pensé que lo harían o como me habían prometido. Y una de esas personas, fue mi pareja. Pero creo que ya se hizo un poco larga esta entrada para explicar los motivos de lo que pasó…  Quizá en la segunda parte me anime a hacerlo. Además son las 8.13 am y aún no he dormido. Ya que tenía que hacerme nuevos estudios, decidí pasar de largo y quedarme despierta. Ya se me están cerrado mis ojitos, pufff.

En fin, solo quería volver a escribir por aquí. No porque tenga muchos seguidores, ni nada más cercano a eso. Sino que tal vez necesitaba desahogarme, pensar, volcar todo lo que siento. No les voy a mentir (¿será que estoy hablando exclusivamente con mi subconsciente?. Que bueno, debe ser que la terapia ha comenzado a funcionar, :)). Nuevamente, no les voy  a mentir, habrá días que mis textos serán tristes, otras veces serán alegres, o informativos. Pero en fin, es lo que necesito sacar para curar, para sanar  y para creer que los Milagros aún existen…

Hasta la próxima…